Una nueva enfermedad

 

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Suena evidente que la totalidad de las enfermedades que padecemos los humanos son creaciones de Quien todo lo creó.  Dios, con su infinito poder, creó o permitió que se crearan, el cáncer, la diabetes, el infarto  y hasta la más insignificante amigdalitis. Tanto es así, que antiguamente ciertas enfermedades eran atribuidas a la acción del demonio sobre los seres humanos y así eran obra del diablo la lepra, la ceguera y especialmente las enfermedades de tipo psiquiátrico como la demencia o locura. Claro, que el Creador se compadeció un poquito de nosotros y entonces creó al médico para que las diagnosticara y los medicamentos para controlarlas.

Pero resulta que hay una patología que fue creada hace dieciséis años por alguien ya desaparecido, a Dios gracias, pero continuada por sus sucesores. A esa nueva enfermedad yo le he dado el nombre de  DEBI o sea, “Desequilibrio emocional bolivariano inducido”, el cual paso a describir.

Todo ciudadano del mundo disfruta de ese maravilloso invento imperialista que es la televisión. El 80% de nuestras horas de reposo en el seno de la familia las pasamos frente al televisor pues todos tenemos programas favoritos que nos gusta disfrutar.  Yo, por ejemplo, tengo años esperando que el Sargento  García logre atrapar al Zorro, mi esposa disfruta viendo a don Diego de la Vega poner cara  de pendejo  para que nadie sepa que el Zorro es él, además tenemos un Caracas-Magallanes, el beisbol de grandes ligas y las telenovelas (o teleno-verlas, como las llamaba el viejo Abelardo Raidi) siguen atrapando el gusto de las multitudes. Estoy seguro de que quienes disfrutamos de esos espacios, lo hacemos porque tenemos perfecto derecho a hacerlo.

Pero resulta que cuando ya el Caracas está a punto de anotar una carrera, o Miguel Cabrera se pone al bate en 3 y 2 o ya la protagonista de la telenovela va a confesar quien es el padre su hijo, la pantalla del televisor se llena con un pabellón tricolor de ocho estrellas y un caballo que corre desaforado sin saber a dónde va y entonces la voz de un locutor tarifado nos anuncia como una gran cosa que pasamos a “cadena  nacional de  radio y televisión”. Lo peor viene después, porque entonces aparece Maduro tratando de convencer a una cuerda de desubicados mentales de los grandes logros de la revolución bolivariana. Es en ese mismo momento cuando siento los primeros síntomas de DEBI (desequilibrio emocional bolivariano inducido): en primer lugar lanzo un sonoro CDTM, me pongo rojo de la rabia, me sube la tensión y cambio a televisión por cable. Al día siguiente, cuando me entero de que el Caracas perdió, Miguel Cabrera se ponchó y que el padre del hijo de la protagonista es el chofer de la familia, me invade la gastritis, el insomnio y las alteraciones emocionales, y tengo que recurría a tomar Enalapril y Lexotanil.

Hablemos ahora en serio Sr. Maduro ¿No ha contemplado usted la posibilidad de que esas continuas, maratónicas e innecesarias cadenas lo que producen es un rechazo de la colectividad hacia usted y sus acólitos? Por favor, déjenos disfrutar en paz de las cachetadas que le propina doña Florinda al pobre don Ramón, déjeme ver como Don Alejandro descubre que su hijo Diego es el Zorro. Esa patria que usted quiere vendernos por cadena de radio y televisión, sin comida, sin medicinas, con una inflación nunca imaginada y una inseguridad alarmante a mí no me sirve para nada. Una patria en donde los niños recién nacidos duermen en cajas de cartón y para colmo de males un ministro, con todo el cinismo del mundo, dice que las cajas debieran decorarlas, es una vergüenza de patria. En resumen, una  patria así, señor Maduro, yo no la quiero.

Heriberto Herrera 1

Heriberto Herrera.

Colaborador de opinión de saludenlamira.wordpress

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Un comentario en “Una nueva enfermedad

  1. Me encanto su reportaje y estoy de acuerdo con casi todo lo que expone y le aclaro que usted mismo casi al final de su escrito entiende que las enfermedades las crea el propio ser humano con sus emociones, dejaríamos a la energía divina solo las enfermedades infecciosas y hasta ellas necesitan un huésped debilitado.
    Reciba un saludo cariñoso.

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