Ser medico en tiempos de incertidumbre

Dia del medico IV

 

Hace dos años, precisamente en esta fecha en la cual se conmemora una vez más el Día del Médico, hicimos referencia a la gran dificultad de ejercer esta noble profesión  la cual, además de estar provista de una  connotación científica, incluye también un perfil humanista y  una  labor social. En ese entonces se iniciaba el colapso de la salud en Venezuela. El ser médico en tiempos de crisis, así lo señalamos por este medio en aquella  oportunidad, causa asombro e indignación como las circunstancias  cambian de manera rápida e inexorable ya que en la actualidad no solo vivimos tiempos de crisis sino de una gran  incertidumbre.

La Venezuela socialista del siglo XXI nos ha llevado a la Venezuela rural  de los años 30, en lo que se refiere a la atención médica. En una época en que la población venezolana era diezmada por enfermedades como el paludismo y la tuberculosis, las condiciones sanitarias ocasionaban la existencia de otras  enfermedades infecto-contagiosas, las diarreas en los niños  era una de las primeras causas de morbilidad en las consultas pediátricas,  el aumento de la  mortalidad infantil  era alarmante en esa etapa de la medicina venezolana, tanto así que  el más ilustre de los médicos venezolanos de esa época, el Dr. Luis Razetti, hizo  alusión pública de este problema y por consejo de un personero cercano al gobierno dictatorial  de Juan Vicente Gómez,  se sometió al exilio voluntario ante  el peligro de  cualquier represalia. Señalo este pasaje histórico de la medicina venezolana ya que  coincide con situaciones similares en la Venezuela actual, con la diferencia de que los médicos venezolanos los cuales  tuvieron que tomar ese rumbo, lo hicieron bajo la amenaza directa del gobierno, por emitir declaraciones de alerta epidemiológica ante la entrada de enfermedades, como el chikungunya, característico de los regímenes autoritarios.

La atención médica en nuestro país se hace cada día más difícil, no solo por la crisis de salud de la cual todos estamos conscientes  sino que se acompaña de una gran incertidumbre y desasosiego. No sabemos si el paciente pueda tener acceso al tratamiento indicado  cuando llegamos a un  diagnóstico clínico certero o si se  cuenta con los métodos para lograrlo. No sabemos si puede ser sometido a la cirugía electiva programada. No sabemos  si cuando al recibir una donación humanitaria en un centro de salud con el solo fin de poder cumplir con el juramento hipocrático de  salvarle la vida al paciente, se vaya a aplicar  la represión o la amenaza  solo por cumplir con nuestro deber de llevar a cabo en su totalidad la atención médica la cual significa  diagnosticar y poder curar,  pero también prevenir. Tampoco sabemos a qué nuevas amenazas epidemiológicas nos vamos a enfrentar, enfermedades que entran y reaparecen sin el control y vigilancia que las frenen, reflejo de la ineficiencia.

La Venezuela rural de la década de los años 30 era sinónimo de malaria o paludismo, hoy día vemos con gran tristeza como los esfuerzos de ese gran insigne médico venezolano Arnoldo Gabaldón se desvanecieron con el tiempo. Con escasos recursos pero con un gran apoyo gubernamental a partir de los años 40, llegó a controlar esta enfermedad. En los actuales momentos, Venezuela es  el país de América Latina con más casos de paludismo.

Se cumple otro  año más del natalicio de nuestro ilustre  Dr. José María Vargas, considerado el Padre de la Medicina Venezolana, motivo por el cual se instituyó desde 1955, la conmemoración del Día del Médico. El legado de Vargas se mantiene en el tiempo así como el de Luis  Razetti, José I Baldó, Arnoldo Gabaldón, José  Gregorio Hernández y muchos otros más que nos precedieron  y que sembraron una huella eterna en nuestra medicina. Es interesante nombrar un pasaje de nuestra historia, reflejada en el diálogo entre Pedro Carujo y José María Vargas. Cuando este último es apresado por Carujo, este se dirige a Vargas y lleno de prepotencia le dice: “Señor Vargas, el mundo es de los valientes “y Vargas le responde: “No, el mundo es del hombre justo, es del hombre de bien, y no del valiente, el que siempre ha vivido y vivirá feliz sobre la tierra  y seguro sobre su conciencia”. Palabras sabias del primer Presidente civilista de la historia venezolana las cuales por supuesto pudieran ser dirigidas a quienes lamentablemente gobiernan en nuestra querida Venezuela.

Para concluir, reiterando de una  manera firme y enérgica: el deber ser del médico venezolano es seguir exigiendo las condiciones a fin de  poder realizar la atención médica en todas sus etapas, defender a ultranza  el derecho con relación al ejercicio de la medicina cuyo norte seguirá siendo la prevención como la curación de las enfermedades.No podemos someternos a la incertidumbre. No podemos ser cómplices con el silencio.

Por @mariayanesh             10 de Marzo del 2017

 

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